miércoles, 4 de febrero de 2009

¿Cómo contar cuentos?

Contar un cuento en el aula de clase es como poner en funcionamiento cientos de piezas de un precioso mecanismo. Somos incapaces de explicar cómo o por qué funciona pero nos maravilla su precisión y compás. Del mismo modo, la conexión que se establece entre un adulto que cuenta un cuento y un niño que lo escucha tiene algo de mágica, pero es difícil explicar cuál es el misterio de esa unión que se establece entre ambos.
Muchos de nosotros somos narradores en potencia y, sin embargo, nos limitamos a leer una y otra vez aquellos cuentos de los que vamos recopilando en el aula o en la biblioteca de la institución, con un entusiasmo e interés que va decayendo por las dos partes.

Posiblemente esto ocurre porque nos faltan recursos, principalmente expresivos. Porque intuimos que hay algo que va más allá del relato, pero no sabemos qué es ni cómo presentárselo a esos niños que nos miran con la cabeza ladeada, agrandando los ojos y dibujando una inmensa sonrisa, dispuesto a convertirse en héroe, aventurero o mago y esperando que seamos nosotros los que le mostremos cómo hacerlo.
En ese caso, aquí van algunos recursos que, cuando menos, mantendrán viva la ilusión y la atención de los pequeños. Te invito a tenerlos muy presente para que la próxima vez que trabajes la lectura en clase.


Conocer o aprenderse el cuento
Antes de que nuestros estudiantes nos pidan que les contemos y expliquemos el cuento que mas nos marcó en nuestra infancia, o el que se encuentra en la biblioteca de la institución y que aún no hemos leído, debemos procurar ponernos al día y repasarlos. Es necesario transmitir un profundo conocimiento del cuento y no interrumpir la narración, pues el hecho de tener que releer el texto o detenerla porque no recordamos el final, produce en los niños desmotivación y desinterés por lo que están escuchando. Debemos tomarnos seriamente el cuento, por muy sencillo que parezca o por muchas repeticiones que haya y, si no nos gusta o no nos parece adecuado, entonces debemos intentar sustituirlo por otro para que no se produzca un malestar así en el aula. Dediquemos algunos momentos a leer alguna antología de cuentos tradicionales o leyendas (¡nunca es tarde para refrescar la memoria!) y nuestros estudiantes agradecerán la variedad y riqueza de cuentos que le podamos contar.

Utilizar un lenguaje adecuado
El tipo de lenguaje empleado al contar un cuento está relacionado con la edad en la que se encuentran nuestros estudiantes, sin embargo, se recomienda que se realice la lectura en un lenguaje coloquial, simple y claro para ellos. Eso servirá para favorecer la comprensión de la historia y evitar el cansancio o incluso el aburrimiento por parte del niño.

No interrumpir el desarrollo de la acción
En ocasiones, cuando el hecho de contar cuentos no se nos da del todo mal y disfrutamos con la narración tanto o más que nuestros hijos, corremos el peligro de recrearnos en ella. Eso supone que en vez de presentar los acontecimientos uno detrás de otro, lo que da un ritmo ágil y rápido a la historia, podemos caer en la tentación de interrumpir la acción lineal para introducir acciones secundarias o descripciones detalladas de algún aspecto o personaje no significativo ni relevante para el desarrollo de la historia. Es preferible seguir el hilo de la narración, de esa manera evitaremos aburrir y confundir a los estudiantes, así éstos podrán ver la diferencia entre información principal y secundaria.

Transmitir entusiasmo
Debemos transmitir en los posible entusiasmo en lo que hacemos. Podemos empezar simulando que el cuento nos interesa. Seguramente no nos daremos cuenta, pero llegará un momento en que el interés simulado se convertirá en auténtico interés y nuestro esfuerzo inicial nos facilitará la disposición de ánimo que tanto buscábamos.

Despertar interés
Los niños, con pocas excepciones, escuchan mucho más atentamente un cuento narrado que un cuento leído. Narrar un cuento permite mucha más espontaneidad que leerlo. Nuestros ojos se encuentran continuamente con los de los niños, sus expresiones responden a la nuestra y la relación se estrecha de manera sorprendentemente el maestro y el estudiante. Es necesario en ocasiones, emplear algunas estrategias para que no se rompa ese encanto o, de romperse, para restablecerlo de inmediato. La mayoría son recursos expresivos, como el uso de pausas y de la entonación. Una buena forma de despertar el interés de los niños es incluir nombres de algunos de los integrantes del aula en el relato y darles un papel especial e inesperado en la historia.

Repetir el mismo cuento
Si los estudiantes desean que les repitas el mismo cuento varias veces, hazlo. A veces los niños piden que se les cuente un cuento concreto porque presenta un conflicto, un protagonista, una situación ideal, etc. que el niño tiene muy presente en ese momento, es por tal motivo que se debe respetar la elección que hagan los niños del cuento que desean escuchar.

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